A la ramera que me defendió,
de el borracho de armas tomar,
subyugado a su amor sin tiempo,
en carga furibunda me ataco.
Ah ramera de felinos ojos,
de cuerpo turgente voluptuoso,
te paraste entre él y yo,
defendiendo con pasión bravía.
Muchas historias me hablan de ti,
de madre despechada y soledad,
tomaste el camino más sutil,
tu valentía es poco original.
Pero ramera quien soy yo,
para expresar mi pensamiento,
la noche es tuya nada más,
no soy nadie para ser aciago.
Tu compañía, el tiempo se llevó,
algún rayo de sol, se hace presente,
y entre besos de amor ya me despido,
tal vez mañana pueda verte, tal vez nunca más.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
No hay comentarios:
Publicar un comentario