Sumisa hasta la intolerancia, aciaga,
solo su corazón latía lentamente,
sin sobresaltos se entregaba a la nostalgia,
donde estarán mujer tus pensamiento.
De tanto volar, tu mente, rendida,
se encierra en un arcón de silencio,
ni el sol abrazara tus pupilas,
ni la lluvia penetrara en tu vida.
Oh mujer quien te a echo daño,
cual infame caballero te ha callado,
o a fecundado de amor tu corazón,
si fuese la razón de tu silencio.
Envidiaría al hombre que te ha amado,
sanamente se entiende en mi despecho,
ya no miraría las flores desplegadas,
solo capullos marchitos de amor.
En tu silencio esta mi vida,
en tu boca mi mirada, mi silencio,
a tu sabia palabra me remito,
con pasión de enamorado yo te miro.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
No hay comentarios:
Publicar un comentario