Ha muerto esa otra vida,
de caprichos altaneros,
solo queda la memoria,
ya gastada por el tiempo.
Quien vendrá en su remplazo,
de un osario distante,
tal vez un caballero,
o quizás un espíritu errante.
Ya viejo y cansado,
de una lucha sin fin,
un espejo difuso,
sin brillo ni candor.
Porque volver al pasado,
si ya ni los perfumes huelen,
ni el corazón se agita,
ante una bella mujer.
Volver para que,
si el fantasma es pasado,
no hay ilusión posible,
de tener menos años.
Al final de mi prosa,
te quedara más claro,
si alguna vez te amé,
ya todo es pasado.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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