miércoles, 28 de marzo de 2018

UNA MAÑANA VACÍA


Que vacía la mañana,
ya ni los perros ladran,
será el frío del invierno,
o la tenue nevada de la noche.

Buscarán calor en los fogones,
a medio ojo dormir los animales,
y yo encorvado por los leños,
camino solo por la calle.

Musgosos arboles me miran,
el andar cansino, la cabeza baja,
tal vez en sus ramas aun me miren,
los horneros parados n su puerta.

Año tras año el mismo riesgo,
de caminar en penumbra con mis leños,
ya ni perros que ladren mi presencia,
o ya habrán perdidos sus temores.

Que vacía la mañana,
solo se nota el vapor de mis suspiros,
mientras la tierra me mira,
y siente el peso de mi cuerpo.

La soledad es compañera,
en el recuerdo turbio del pasado,
hasta alguna ironía se mete,
en mis sagaces pensamientos.

Ya ni el amor recuerdo en la mañana,
más me parece el recuerdo de las noches,
por la mañana extraño hasta las aves,
y por las noches recuerdo los amores.

El frio es el mismo cada año,
aunque mis ojos ahora lloran,
y en años idos hasta hablaban,
al son de una mirada penetrante.

Es la vejes, la soledad y mi alma,
son los despojos de una vida errante,
hasta mis ojos sienten el paso de los años,
y el amor solo quedo en deseos.

Las farolas se apagan lentamente,
mis ojos buscan el mas allá,
y no encuentran  nada,
solo miran a dios en letanía.

JUAN CARLOS VILLANUEVA

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