martes, 1 de agosto de 2017

VIDA DE MARINO

Y yo que bebí de las sales del mar,
que supe de la sal en mis heridas,
también supe adorar a sus gaviotas,
mas aborrecer los petreles de tormentas,
o simples pájaros negros de tempestades,
de tan chicos puntos en el océano,
cabalgando olas de temerosa furia.

Disfrute de ballenas y cormoranes,
criaturas que siempre acompañaron,
alguna orca asesina se acercaba,
para enloquecer a los lobos,
contra el barco, su guarida,
más pobre aquel indefenso,
que quedaba a merced de su cubierta,
festival de sangres en remolinos,
he mirado sin poder hacer nada,
por salvarlos de las fauces asesinas.

He pasado días y noches en la mar,
y nunca he mirado una sirena,
ni con luz de luna ni con brillante sol,
la tierra solo se muestra por las noches,
de un faro perdido en la distancia,
solo muestra única que existe,
porque a la luz del día, todo es mar.

Es la vida del marino una ráfaga de viento,
una tormenta imprevista,
una hombría de gigante, ya de tanto navegar,
se vuelve una costumbre,
de tanto mirar el mar,
hasta termina extrañando,
pero siempre en tierra firme,
lo esperan sus amores,
tal vez de una sola noche,
tal vez de toda la vida.

JUAN CARLOS VILLANUEVA



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