Los que miran impávidos,
como otros lo logran,
los que un día eran como el,
y hoy gozan de la libertad,
esa libertad que les permite,
servirse del mundo,
tal vez nunca entiendan,
el riesgo que implica ser libres.
Los que miran impávidos,
al obrero trabajando en las alturas,
construyendo un edifico,
no entenderán porque anda,
bien vestido, en un auto,
o sentado en un bar filosofando,
de la vida, del futuro,
cual fue la diferencia,
si de niños jugaban juntos.
Los que miran impávidos,
notan que hasta su forma de hablar,
ya ha cambiado siente curiosidad,
pero ya es tarde,
el tiempo se ha llevado los sueños,
que muchos cumplen,
pero ellos se quedaron en el barro,
donde la ignorancia los engullo,
sin más penas ni glorias.
Los que miran impávidos,
lo que otros han logrado,
sentirán resentimiento y desdichas,
las culpas se lavaran, elucubrando,
y apelaran a las blasfemias sin sentido,
pero nunca pensaran,
que aquel que fue su amigo,
se trepo a lo más alto de la torre,
donde el peligro se cierne cada día,
pero que al final del día,
ha tenido recompensas.
Los que miran impávidos,
no entienden de actitud,
y en muchos casos de moral,
porque la libertad se gana cada día,
cada momento donde el hombre,
juega su destino,
ellos seguirán sin comprender,
que el hacer es para todos,
y la libertad es de quien la quiere.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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