Cuando la muerte jugo conmigo,
tenía ventajas sobre mí,
porque ya esa mañana brumosa,
me había mostrado cuatro muertos,
y cada zarpazo de esas olas inmensas,
traían mi nombre.
Yo solo sobrevivía, pensando en ella,
y ella era la vida, si la vida,
si la bala de un enemigo no pudo,
en una guerra absurda, y triste,
me había arrastrado en la trinchera,
esquivando balas.
Y mi muerte no sería en una balsa,
pero además, había algo más,
allá muy lejos había niños,
había una mujer que ignoraba mi desdicha,
y cada ruido en la balsa me llevaba a ellos.
La muerte estuvo cerca,
pero yo estuve lejos de rendirme,
tan lejos, que hoy es un recuerdo,
y tan lejos que aquellos niños,
hoy ya son hombres,
y hasta la historia les parece irreal,
pero la verdad es que la muerte ya jugo conmigo.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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