Dialoguemos sobre el amor, que se siente en el pecho, más allá
de una mirada, más allá de tus ojos color tiempo.
Que te ha llevado hasta mis brazos, será el sueño de una
noche,
o es sueño de una vida, mágica como una estrella cruzando el
firmamento.
Dime tu si en el carmín de tus labios, se esconde el deseo, y
la pasión,
si por un instante pensaste que has encontrado al hombre
enamorado.
No me hables de dolores ni de penas, porque el gozo de la
vida está entre tú y yo.
Serenamente me has tomado entre tus manos y me has llevado
hasta tus besos, dulce mujer me has embriagado, hasta poder escapar de tu hechizo.
Miro ya la luna, perdiéndose a través de la montaña,
lentamente sin pausa
y el roció como testigo mudo, que más rato se evaporara en
silencio.
Tu boca le habla, a mi aturdido cuerpo, que ha comido del
fruto prohibido,
y ha dejado mi cuerpo saciado, y mi corazón gozosos por lo
vivido.
Ni la copa del árbol que cobijo esta noche, ni el oro del
trigo que rodea,
ni el azul del cielo, ni el serpentino arroyo más abajo me harán
olvidar esta noche.
Oh mujer que me hiciste volar, que fui un pañuelo al viento
sin rumbo,
que fui agua en tus manos perfumadas, y fui carne en tus
brazos.
He dialogado en ti y en mí rudimentariamente hasta aprender
amarte,
hasta pedir que nadie me quite este momento, amada mía.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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